Confinamiento vampírico y viajes imaginarios
[Nota para Corré La Voz]Una puesta en escena que se desdobla hacia lo múltiple. La montaña vino a mí se presenta como un díptico para, luego, desbordar los límites de las pantallas. La propuesta consiste en un cortometraje documental que combina performance, música y texto, que se impregna (y vampiriza) las condiciones de un estreno virtual, en vivo, con un público en cuarentena. Asistimos también, entonces, a los efectos de la cámara de video, de la edición, de los espacios cotidianos intervenidos y transitados, de los carteles que titulan, de la narración y sus tonos, del vestuario, de lapsus que dan cuenta del proceso de creación artística. A través de cuidados artificios, se apela a las voluntades poéticas para imaginar lo que haya que imaginar. Unos ritmos folklóricos, una actriz (Rocío Stellato) y un actor (Juan Bermejo) armando un caballo con sillas en un patio, la voz de la narradora (Nadia Sandrone) contando el proyecto son suficientes para generar el rapto que poco después nos hará ver una aparente ruralidad construida en la ciudad.
