Aunque haya demonios, entremos

En la edición número 26 del Festival Internacional de cine de terror, fantástico y bizarro Buenos Aires Rojo Sangre proyectaron “Una luz en la ventana”, una película de 1942, dirigida por Manuel Romero, considerada la primera de terror argentina. Esta fue una ocasión especial en la que se pudo ver una copia digitalizada a cargo de Lumiton Usina sobre la que se hizo un trabajo de remasterización, que ofrece una imagen más definida y limpia, como también un buen sonido, lo que permite apreciar la voz de la leyenda Narciso Ibañez Menta.
Irma Córdoba, otro emblema popular, interpreta a una enfermera que debe trasladarse a un chalet alejado de la ciudad, pero se confunde de horario, por lo que termina en una estación de tren de noche, bajo la lluvia torrencial. Le advierten sobre el lugar al que ella va, pero responde: “Yo no tengo miedo. Además, necesito tanto ganarme la vida”. Por supuesto, desconoce los planes ocultos de quienes la contratan. Resulta que quien vive allí es un hombre con su madre, y este (Dr. Herman, interpretado por Ibañez Menta) tiene una extraña enfermedad, acromegalia, que produce crecimiento del rostro. En conjunto de un grupo de médicos, y ayudantes de castillo victoriano, quieren operar a esta enfermera para intercambiar con ella la glándula enferma y así frenar la deformación. Antes de develar todo esto, ella encuentra quienes la pueden ayudar a llegar a pesar del clima, unos hombres que justo pasaban por ahí con un auto pequeño y maltrecho, y que terminar, al igual que la protagonista, encerrados en una casa tenebrosa, sin llaves, en medio de la tormenta.
Las reminiscencias a lo gótico me capturan inmediatamente, pero hay dos aspectos en los que no puedo dejar de pensar: 1) La máscara de Dr. Herman, la fantasía de Narciso Ibañez Menta de acercarse a su ídolo según cuentan en el documental “Nadie inquietó más” (2009), Lon Chaney en “El fantasma de la ópera” (1925). 2) La primera película argentina de terror (que aún se conserva) ¡es sobre la fealdad!