sábado, 7 de febrero de 2026


Aunque haya demonios, entremos

                                        

En la edición número 26 del Festival Internacional de cine de terror, fantástico y bizarro Buenos Aires Rojo Sangre proyectaron “Una luz en la ventana”, una película de 1942, dirigida por Manuel Romero, considerada la primera de terror argentina. Esta fue una ocasión especial en la que se pudo ver una copia digitalizada a cargo de Lumiton Usina sobre la que se hizo un trabajo de remasterización, que ofrece una imagen más definida y limpia, como también un buen sonido, lo que permite apreciar la voz de la leyenda Narciso Ibañez Menta.


Irma Córdoba, otro emblema popular, interpreta a una enfermera que debe trasladarse a un chalet alejado de la ciudad, pero se confunde de horario, por lo que termina en una estación de tren de noche, bajo la lluvia torrencial. Le advierten sobre el lugar al que ella va, pero responde: “Yo no tengo miedo. Además, necesito tanto ganarme la vida”. Por supuesto, desconoce los planes ocultos de quienes la contratan. Resulta que quien vive allí es un hombre con su madre, y este (Dr. Herman, interpretado por Ibañez Menta) tiene una extraña enfermedad, acromegalia, que produce crecimiento del rostro. En conjunto de un grupo de médicos, y ayudantes de castillo victoriano, quieren operar a esta enfermera para intercambiar con ella la glándula enferma y así frenar la deformación. Antes de develar todo esto, ella encuentra quienes la pueden ayudar a llegar a pesar del clima, unos hombres que justo pasaban por ahí con un auto pequeño y maltrecho, y que terminar, al igual que la protagonista, encerrados en una casa tenebrosa, sin llaves, en medio de la tormenta.


Las reminiscencias a lo gótico me capturan inmediatamente, pero hay dos aspectos en los que no puedo dejar de pensar: 1) La máscara de Dr. Herman, la fantasía de Narciso Ibañez Menta de acercarse a su ídolo según cuentan en el documental “Nadie inquietó más” (2009), Lon Chaney en “El fantasma de la ópera” (1925). 2) La primera película argentina de terror (que aún se conserva) ¡es sobre la fealdad!



Como cuenta Darío Lavia en Cinefania, hay una nota de la época del estreno en la que, por un lado, se criticó el maquillaje de la película y, por otro, se vinculó directamente a Ibañez Menta con Chaney. Sobre el primer punto, escribe Adolfo R. Aviles, 


tantas expresiones cadavéricas, cuando no detonantes en luces y sombras, que desfiguran rostros familiares, haciéndolos repudiables. Son muchos los problemas que debe resolver el cine nacional, pero consideramos que uno de los más urgentes es el perfeccionamiento del maquillaje”. 


Por otra parte, sobre lo siguiente, dice: Narcisín Ibáñez es el hombre que emulando en nuestro medio al gran Lon Chaney, consiguió despertar nuestra admiración, y que nos rindiéramos ante la evidencia de que poseemos un verdadero artista en el arte de la composición…”. El rostro que porta el personaje de Narciso en la película tiene protuberancias en distintas zonas, sobre todo en la nariz, los pómulos, el mentón. Sobre los párpados también que, en conjunto con las luces, las sombras, los acercamientos y la música, producen melancolía. Como deja en evidencia la reseña, todo resulta artificioso, pero funcional para imaginar el horror que despierta la enfermedad en él y en quienes lo ven. La asociación con “El fantasma de la ópera” también funciona, la revelación del rostro oculto recuerda al clásico. No obstante, ¿no lleva esa máscara también a la que poseía Boris Karloff en “Frankenstein” (1931)? No al monstruo, justamente, sino a su encarnación, a ese artificio. Es en esta asociación donde me parece que se juega un gesto más potente en cuanto a modos de leer y reinventar el terror. Se conoce que el traje de Karloff pesaba en total alrededor de 21 kilos y que llevaba encima de la cabeza algo que buscaba representar la inserción de un cerebro humano. Parte de la genialidad de la película de Romero está en que se recrea esa imagen de cabeza enorme, pero se toma su apariencia inverosímil como parte central de la trama. A menudo, se hace un enlace entre las películas argentinas de terror con las estadounidenses, pero aquí se muestra que esa relación es más compleja que ser sólo una copia directa producto de una admiración, existe una lectura y una apropiación, que realza el valor de la materialidad de la producción que se tiene y que nunca se termina de “resolver”. 



Al mismo tiempo, la primera película argentina de terror (que aún se conserva) es sobre la fealdad. Como los monstruos del gótico, Dr. Herman permanece oculto en la casa. Antes de mostrar su cara, escuchamos la voz de Ibañez Menta, y vemos su silueta, de espaldas, a contraluz, formando una figura negra de grandes hombros. Cuando podemos verlo por primera vez, se revela de una manera que es difícil de capturar en una sola imagen. Hace un movimiento que lo mueve desde las sombras al impacto de la luz, la cámara hace un acercamiento y cuando esta logra mejor definición, Herman se voltea nuevamente. El encuadre es cerrado: es un personaje que no quiere ser visto. Esto contrasta con cómo se muestran los demás personajes que luchando con un temporal terrible y el barro, entran a una casa que les queda enorme: los planos dejan ver el cuerpo entero para mostrar esa diferencia de tamaño… y de clase. La fealdad de Dr. Herman es un problema de clase. El cuerpo deforme se asocia al trabajo y el exceso de este no se adapta a la norma burguesa, que no sólo barre debajo de la alfombra aquello que considera una falla, sino que también se cree capaz de poseer a otro, a otros, para sus fines privados. El título lo revela, una luz en la ventana, una ilusión y un peligro.




Angélica, el personaje de Irma, es la que rompe el silencio alrededor de ese cuerpo que amenaza con emerger del sótano. Y no lo hace a través del grito, sino lo contrario. Es la que es capaz de mirar al monstruo a los ojos, comprenderlo, en sus palabras, compadecerlo. Sin sacrificios, el gótico no admite héroes, ella permite ver otra cosa y, por lo tanto, alterar el orden de esa casa, de los planes que se armaban como un destino. Otra manera de repensar el terror clásico, en el momento en que una nueva tradición se funda. 





🔗 Links de interés


El día que Narciso Ibáñez Menta conoció a Lon Chaney — Un homenaje y recordatorio al "Hombre de las Mil Caras" del cine y TV argentina y española. Por Darío Lavia

https://cinefania.com/terroruniversal/index.php?id=120 


Una luz en la ventana: remasterización digital de un clásico del terror argentino. Lumiton Usina. https://lumiton.ar/una-luz-en-la-ventana-remasterizacion-digital-de-un-clasico-del-terror-argentino/ 


Blog dedicado al archivo de Narciso Ibañez Menta https://narcisoibanesmenta.blogspot.com/ 


[Sobre la máscara de Boris Karloff] A Face for the Monster: The Universal Pictures Series. http://frankensteinfilms.com/frankenstein-universal.htm 


Página del Festival Buenos Aires Rojo Sangre https://rojosangre.quintadimension.com/2.0/

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