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martes, 21 de abril de 2026

Hay vampiros en el barrio



En Drácula en Campana (1972), una chica en camisón blanco corre, huye de un monstruo... a plena luz del día. Es un cortometraje que el artista local Titi Ramírez filmó con amigos y vecinos en Super 8, y que fue recuperado por Boom Boom Kid. Esta reproduce personajes asociados al terror clásico, un científico compenetrado en sus experimentos, un Nosferatu que persigue a una de sus víctimas y una dama gótica en apuros. ¿Qué clase de joven le abre la puerta a un vampiro? (2026) explora las condiciones de realización del corto. Como si se reconociera un gesto punk genealógico, la película resalta el valor de lo artesanal e insiste en el detalle, contagiando una curiosidad por el hacer artístico en un lugar y tiempo determinados.

En el documental, cuentan que durante el rodaje se habían acercado a la estación de tren de la ciudad con el protagonista montado como Drácula, y que la gente que lo veía se asustaba, como si se tratase de un espectro. Pero lo que a mí me impacta de esa entrevista es que comentan que, en ese momento, alrededor de cien personas viajaban diariamente por ese medio. Las anécdotas que se reúnen en la película construyen una imagen de Campana muy diferente a la del presente, contundentemente más deshabitada.

Por los testimonios y la voz en off, podemos conocer que Drácula es interpretado por un quiosquero, el maquillador es un peluquero que vivía cerca, los efectos prácticos se hacían pidiéndole vísceras al carnicero. El barrio se vuelve un partícipe importante de la realización artística colectiva, como de la memoria de aquella juventud, sus intereses, su forma de vida en los años previos a la última dictadura militar. Su manera de habitar el espacio público. Chani, la vampirizada, lo relata así: jugábamos, y menciona distintos lugares de la ciudad tomados por estos artistas. Hasta la Catedral se pone, en esa época, a disposición de estos jóvenes con ganas de expresarse, experimentar y divertirse. 

sábado, 7 de febrero de 2026


Aunque haya demonios, entremos

                                        

En la edición número 26 del Festival Internacional de cine de terror, fantástico y bizarro Buenos Aires Rojo Sangre proyectaron “Una luz en la ventana”, una película de 1942, dirigida por Manuel Romero, considerada la primera de terror argentina. Esta fue una ocasión especial en la que se pudo ver una copia digitalizada a cargo de Lumiton Usina sobre la que se hizo un trabajo de remasterización, que ofrece una imagen más definida y limpia, como también un buen sonido, lo que permite apreciar la voz de la leyenda Narciso Ibañez Menta.


Irma Córdoba, otro emblema popular, interpreta a una enfermera que debe trasladarse a un chalet alejado de la ciudad, pero se confunde de horario, por lo que termina en una estación de tren de noche, bajo la lluvia torrencial. Le advierten sobre el lugar al que ella va, pero responde: “Yo no tengo miedo. Además, necesito tanto ganarme la vida”. Por supuesto, desconoce los planes ocultos de quienes la contratan. Resulta que quien vive allí es un hombre con su madre, y este (Dr. Herman, interpretado por Ibañez Menta) tiene una extraña enfermedad, acromegalia, que produce crecimiento del rostro. En conjunto de un grupo de médicos, y ayudantes de castillo victoriano, quieren operar a esta enfermera para intercambiar con ella la glándula enferma y así frenar la deformación. Antes de develar todo esto, ella encuentra quienes la pueden ayudar a llegar a pesar del clima, unos hombres que justo pasaban por ahí con un auto pequeño y maltrecho, y que terminar, al igual que la protagonista, encerrados en una casa tenebrosa, sin llaves, en medio de la tormenta.


Las reminiscencias a lo gótico me capturan inmediatamente, pero hay dos aspectos en los que no puedo dejar de pensar: 1) La máscara de Dr. Herman, la fantasía de Narciso Ibañez Menta de acercarse a su ídolo según cuentan en el documental “Nadie inquietó más” (2009), Lon Chaney en “El fantasma de la ópera” (1925). 2) La primera película argentina de terror (que aún se conserva) ¡es sobre la fealdad!


sábado, 1 de noviembre de 2025

 Vení, Vlad



En el marco del ciclo "Miradas oscuras", Lumiton proyectó en el Cine York Vivir mata (1991) de Bebe Kamin, con la presencia de su director. 

La película narra la transición (o el eterno retorno) de una época a otra. Hace un díptico que muestra un recorte de finales de siglo XIX y luego nos transporta a la década de 1990. Este movimiento se desarrolla a partir de la vampirización de un hombre argentino (Blas, interpretado por Mauricio Dayub) que viaja a Europa para negociar en el contexto de pactos internacionales que generan deuda pública; y que debe huir enterrándose en un cementerio a causa de haber generado numerosas víctimas.

domingo, 18 de agosto de 2024

Confinamiento vampírico y viajes imaginarios

[Nota para Corré La Voz] 




Una puesta en escena que se desdobla hacia lo múltiple. La montaña vino a mí se presenta como un díptico para, luego, desbordar los límites de las pantallas. La propuesta consiste en un cortometraje documental que combina performance, música y texto, que se impregna (y vampiriza) las condiciones de un estreno virtual, en vivo, con un público en cuarentena. Asistimos también, entonces, a los efectos de la cámara de video, de la edición, de los espacios cotidianos intervenidos y transitados, de los carteles que titulan, de la narración y sus tonos, del vestuario, de lapsus que dan cuenta del proceso de creación artística. A través de cuidados artificios, se apela a las voluntades poéticas para imaginar lo que haya que imaginar. Unos ritmos folklóricos, una actriz (Rocío Stellato) y un actor (Juan Bermejo) armando un caballo con sillas en un patio, la voz de la narradora (Nadia Sandrone) contando el proyecto son suficientes para generar el rapto que poco después nos hará ver una aparente ruralidad construida en la ciudad.

jueves, 11 de abril de 2024

De perlas verrugosas

    Al ingresar a la sala donde se exhibe Cuerpos mutantes, en el Museo de Arte Moderno, lo primero que se ve —y por su tamaño, lo primero con lo que se choca— es una escultura, una monstruosidad animal. Esta última frase debería plantearse como una pregunta: a primera vista no hay algo que asegure que esta corporalidad verde de espuma poliuretánica, chiclosa, con un inesperado tul rosado, exista en esta realidad en la que persisten categorías como la de especie. Probablemente la altura de Cisne Hiel 27 (Mauro Guzmán, 2021), sus cuatro patas, los cuernos de venado lleven a asociarlo con la animalidad, pero ¿qué es esta tendencia a definir lo que vemos? ¿Qué ocurre con nuestra mirada, con nuestra experiencia del cuerpo, en el roce con lo extraño? 🔗Texto completo escrito con Danila Nieto para Revista Encuadra.

domingo, 7 de abril de 2024

 


Espejo

Soy plateado y exacto. No tengo
preconceptos.
Cualquier cosa que veo la trago
así como es, sin desorientarme por amor o por disgusto.
No soy cruel, sólo sincero.
El ojo de un pequeño dios,
con cuatro esquinas.
La mayoría del tiempo medito en la pared de enfrente.
Es rosa, con manchas. La estuve
mirando por tanto tiempo que
pienso que es una parte de mi corazón. Pero vacila.
Caras y oscuridad nos separan
una y otra vez.

Ahora soy un lago. Una mujer se inclina
sobre mí,
buscando en mis corrientes aquello que verdaderamente es.
Luego se voltea hacia esas mentirosas, las velas o la luna.
Veo su espalda, y la reflejo
fielmente.
Ella me recompensa con lágrimas y la agitación de sus manos.
Soy importante para ella. Viene
y va.
Cada mañana es su cara la que
reemplaza la oscuridad.
Dentro mío ahogó a una chica
joven, y dentro mío una mujer vieja
asciende hacia ella día tras día, como
un pez terrible.

Sylvia Plath (traducción mía)