preconceptos.
Cualquier cosa que veo la trago
así como es, sin desorientarme por amor o por disgusto.
No soy cruel, sólo sincero.
El ojo de un pequeño dios,
con cuatro esquinas.
La mayoría del tiempo medito en la pared de enfrente.
Es rosa, con manchas. La estuve
mirando por tanto tiempo que
pienso que es una parte de mi corazón. Pero vacila.
Caras y oscuridad nos separan
una y otra vez.
Ahora soy un lago. Una mujer se inclina
sobre mí,
buscando en mis corrientes aquello que verdaderamente es.
Luego se voltea hacia esas mentirosas, las velas o la luna.
Veo su espalda, y la reflejo
fielmente.
Ella me recompensa con lágrimas y la agitación de sus manos.
Soy importante para ella. Viene
y va.
Cada mañana es su cara la que
reemplaza la oscuridad.
Dentro mío ahogó a una chica
joven, y dentro mío una mujer vieja
asciende hacia ella día tras día, como
un pez terrible.
Sylvia Plath (traducción mía)

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